Iol Baqués: arte, Empordà y el lujo de vivir entre emoción y paisaje

  • BARNES Barcelona & Costa Brava
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  • martes 12 mayo 2026
Iol Baqués: arte, Empordà y el lujo de vivir entre emoción y paisaje

En BARNES, entendemos el arte de vivir como una combinación sutil entre espacio, estética y emoción. En este contexto, el arte no es solo un elemento decorativo, sino una pieza clave capaz de transformar una vivienda en una experiencia sensorial única.

Hoy nos adentramos en el universo de Iol Baqués, artista establecida en el Empordà, cuya obra abstracta, rica en texturas y matices, nace directamente del paisaje mediterráneo. Inspirada por la luz, la tierra y el mar, cada una de sus piezas está concebida para dialogar con el entorno y aportar carácter a los interiores más exigentes.

A través de esta entrevista, descubrimos no solo su proceso creativo, sino también su visión del arte como vehículo de bienestar, conexión y expresión. Una mirada que encaja de forma natural con el estilo de vida que define nuestras propiedades: espacios únicos donde el arte encuentra su lugar y eleva cada estancia.


Su obra nace en el Empordà. ¿Qué tiene este lugar que influye tanto en su mirada y en su forma de crear?
El Empordà tiene una luz muy particular, intensa y a la vez suave, que transforma todo lo que toca. Es un paisaje de contrastes: el mar, la piedra, la madera envejecida, la arena… Todo eso se filtra en mi obra de forma muy orgánica. Más que representarlo, lo absorbo. Mi trabajo nace de esa conexión con lo esencial, con lo natural, con el paso del tiempo.


En sus piezas se perciben el mar, la luz y la materia. ¿Cómo transforma el paisaje en emoción y textura?
Trabajo desde la intuición y el gesto. No busco reproducir el paisaje, sino traducirlo en sensaciones. La textura es clave: construyo capas, incorporo materiales, dejo que la obra tenga cuerpo. La luz, muchas veces a través del dorado, actúa como un hilo conductor. Es una manera de capturar esa vibración del entorno y convertirla en emoción tangible.


Define su trabajo como un arte sensorial. ¿Qué le gustaría que sintiera una persona al convivir con una de sus obras?
Me interesa que la obra no solo se mire, sino que se sienta. Que genere calma, conexión, incluso una pausa. Que cada persona encuentre algo propio en ella. Al final, convivir con una obra es establecer una relación diaria, casi íntima.


Sus creaciones tienen una fuerte presencia en el espacio. ¿Cómo dialoga su arte con la arquitectura y el interiorismo de una vivienda?
Para mí, la obra no es un elemento decorativo, es un elemento estructural del espacio. Tiene que dialogar con la arquitectura, respetarla y al mismo tiempo aportarle identidad. Trabajo mucho con interioristas porque juntos podemos crear espacios coherentes, donde el arte no es un añadido, sino una pieza clave que da sentido al conjunto.


En propiedades exclusivas, el arte es parte del estilo de vida. ¿Qué papel cree que juega una obra en la identidad de un hogar?
El arte define el carácter de un espacio. Es lo que lo hace único, lo que lo humaniza. En viviendas exclusivas, donde todo está cuidado, la obra aporta alma. Habla de quién vive allí sin necesidad de palabras.


Trabaja también en piezas a medida para proyectos concretos. ¿Cómo es ese proceso de adaptación a un espacio o a un cliente?
Es un proceso muy cercano. Empiezo entendiendo el espacio, la luz, los materiales y, sobre todo, la persona o el proyecto. A partir de ahí, creo una obra que encaje de forma natural. No se trata de adaptar algo existente, sino de crear algo único que tenga sentido en ese contexto.


Más allá de la obra, desarrolla experiencias artísticas. ¿Cómo nace esa voluntad de ir del arte contemplativo al arte vivido?
Surge de una necesidad muy clara: acercar el arte a las personas. Durante años, el arte ha sido algo que se observa desde fuera. Yo quería que se pudiera vivir desde dentro. Que cualquiera pudiera experimentar el proceso creativo, sin juicio, desde la libertad.


Sus experiencias combinan creatividad, bienestar y conexión. ¿Por qué cree que hoy el arte es una herramienta tan poderosa en este sentido?
Vivimos en un ritmo muy acelerado y el arte nos devuelve a un lugar más esencial. Nos ayuda a desconectar, a expresarnos, a conectar con nosotros mismos y con los demás. No es solo una actividad creativa, es una herramienta de equilibrio.


El Empordà se ha consolidado como destino para quienes buscan calma, autenticidad y belleza. ¿Cómo se refleja este estilo de vida en su día a día como artista?
Forma parte de todo. Mi ritmo, mi manera de trabajar, incluso mis decisiones. Aquí hay una conexión con lo auténtico que se traslada a mi obra y a mis experiencias. Trabajo desde esa calma, desde ese respeto por el tiempo y los procesos.


Para terminar, si tuviera que imaginar el escenario ideal para una de sus obras, ¿cómo sería ese espacio y qué atmósfera transmitiría?
Un espacio con luz natural, materiales nobles y una cierta simplicidad. Donde la obra pueda respirar. Me interesa crear atmósferas serenas, elegantes, con presencia pero sin ruido. Espacios donde apetezca quedarse.


Si hay cualquier otro aspecto que te gustaría compartir y que no hayamos mencionado…

Me interesa profundamente el papel del arte como generador de experiencias, no solo como objeto. Vivimos rodeados de espacios muy cuidados a nivel estético, pero no siempre están pensados para emocionar o para conectar. Ahí es donde el arte puede marcar una diferencia real.

En mi trabajo hay una intención clara: que cada obra no solo ocupe un lugar, sino que transforme la manera en que se vive ese espacio. Que aporte presencia, equilibrio y una cierta dimensión emocional que va más allá de lo visual.

También creo mucho en el valor de lo único. En un momento donde todo tiende a lo homogéneo, apostar por una obra original, creada para un espacio o elegida con intención, es una forma de construir identidad. No es solo una cuestión estética, es una manera de habitar.

Y, en paralelo, están las experiencias. Para mí son una extensión natural de la obra. Permiten que las personas se acerquen al arte desde otro lugar, más libre, más humano. No hace falta saber pintar, solo estar dispuesto a sentir, a explorar, a parar.

Al final, todo lo que hago —ya sea una pieza o una experiencia— gira en torno a lo mismo: crear espacios con alma. Espacios que no solo se ven bien, sino que se sienten, que dejan huella y que invitan a quedarse.

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